lunes, julio 09, 2007

Descartes o la filosofía de la baraja

La vida es un tute donde sólo pintan bastos (tal vez por eso arrastre esta empanada que arrastro mientras los demás me cantan las cuarenta).

miércoles, julio 04, 2007

Pirelli solución

Hace unos días estaba a punto de enviar una nueva entrada al blog cuando Bocachancla, que es el soplón del módulo, me informó de que de mi jefe acababa de ganar un premio literario por el que cobrará una buena pasta. «Así que sí, ¿eh? Qué calladito se lo tenía el tío mierda». Por supuesto, le pedí un aumento inmediatamente.

Pero el cabrón me dijo que nanai, que encima de que ni siquiera escribía tres veces por semana, como habíamos quedado en un principio, ahora iba a tener que pagarme más; que quién me creía, dijo. «¿Qué quién me creo? Pues Pirelli, el gran Pirelli, faltaría más», pensé, «y tú, Rodríguez de pacotilla, no eres más que un vulgar escritorzuelo sin gloria ni talento». Pero no dije nada, preferí pasar a la acción.

Así fue como me planteé la posibilidad de iniciar una huelga de bandejas, que consiste en rechazar de forma masiva el asqueroso rancho que nos sirven en la trena, pero nadie se unió a mí. «Cada perro que se lama su picha», fue el comentario menos ingrato que obtuve de mis colegas de módulo. Normal, yo hubiera hecho lo mismo. Pensé entonces en llevar a cabo una huelga de hambre indefinida, pero todos los tubos que te enganchan para evitar que palmes de inanición los habían guardado a buen recaudo por si de Juana.

Con la audacia que me caracteriza, consideré la posibilidad de hacer una huelga de desnudo integral, aunque no tardé en llegar a la conclusión de que la cosa ya está lo bastante fea aquí dentro como para andar todo el día con la minga al aire y el culo expuesto. Así que decidí que lo mejor que podía hacer era una huelga de brazos caídos que paralizara mi actividad cotidiana, que si bien hay que reconocer que no es gran cosa, al menos incluye el trabajo de escribir este maldito blog cada cierto tiempo.

Y en ello levaba casi una semana sin ningún resultado, por lo que fui a contarle mi descontento con la injusticia laboral que se estaba cometiendo al Flaco Santana, secretario general del sindicato del crimen en mi jurisdicción. Santana fue claro: «No te dejes amedrentar, amenaza con demandarlo y sacarle hasta la última perra gorda». Levanté los hombros. «Y, si eso no funciona», continuó impasible, «entonces haz lo que mejor sabes hacer: intimídalo, dile que, si no accede a satisfacer tus demandas salariales, te lo cargarás lentamente en cuanto salgas de prisión. Eso no suele fallar».

Seguí su consejo y, como ven, aquí estoy de nuevo. En una metáfora insectil se puede decir que, ante la tentativa de los gusanos, el tío aflojó la mosca. No hay nada como la fuerza sindical.