martes, junio 26, 2007

Instrucciones para conseguir la condicional

Pues sí, ahí seguimos, opositando a la condicional o, al menos, al dichoso permiso que se retrasa como una mala regla. Y no se lo pierdan: a los de arriba les ha dado ahora, en su labor instructora, por la orientación laboral.

El primer error que cometió el psicólogo al que encomendaron la ardua labor de instruirnos en tales artes, además de llamarse a sí mismo orientador, fue preguntarnos si habíamos hecho alguna vez un curriculum. A estas alturas ya debería haber sabido que los tipos como nosotros no tenemos pasado, sino antecedentes, razón por la cual el curriculum nos lo rellenan otros, dado que no es otra cosa que una ficha policial. Pero o no lo sabía o no quiso saberlo y por ese motivo nos hizo perder el tiempo con sus sandeces al respecto de tan notable asunto.

Después nos vino con el cuento de la necesidad de ensayar una hipotética entrevista de trabajo. Para ello fuimos pasando uno a uno al improvisado despacho que le habían instalado en la enfermería. A mí me tocó el primero, así que en mí recaía el honor de mostrarle el camino al pacotilla.

Primero le dejé hablar. Se sacó unos cuantos consejos de la chistera que a mí me sacaron unas buenas risotadas: «Estudia tus aptitudes, tu experiencia y tu educación». Vale. «No acudas a la entrevista con gafas oscuras». Vale. «Siéntate derecho, ni al borde de la silla ni repantigado». Vale. «Cuida tu lenguaje». Vale. «Evita los gestos como morderte las uñas, golpear con el boli en la mesa, o pegarle una guantada al subnormal del entrevistador». Así sea.

Pero faltaba por venir lo mejor: «Y sobre todo», dijo el tipo lentamente, dándole un hálito de suspense a la cosa que la cosa no merecía, «no olvides esto: sé tú mismo».

«Sé tú mismo». Qué crack. Le intenté explicar que, en el mundo que yo conozco, lo mejor que uno puede hacer para agradar a un desconocido es no ser uno mismo, por la cuenta que le trae a uno y al desconocido. Pero no había manera de hacerle entrar en razón, así que hice como que me interesaban sus consejos y dejé que fuera El Cosaco, el alegre psicópata ruso al que tocaba entrar el siguiente, quien lo sacara de su error con esa gracia que sólo tienen los psicópatas. A fin de cuentas, para eso están los profesionales.

No tardé en oír los gritos desde el pasillo. «Ay, los psicólogos», pensé, «cómo son y qué cosas dicen». Y pensar que toda aquella farsa la motaron para que, si algún día nos sacan de aquí, podamos conseguir un trabajo. ¡Pensaran que lo necesitamos! Pobrecillos.

5 comentarios:

el ministro dijo...

Ahi, ahi, eso de preparar las entrevistas de trabajo es un cuento chino de los buenos. El que las hace (el famoso psicólogo de pacotilla) normalmente no tiene pinche idea y a veces incluso está más nervioso que el entrevistado, lo cual en tu caso, pirelli, no sería de extrañar...

DSuárez dijo...

Es dificil lo de las entrevistas.Yo no valgo pa ellas, siempre cometí algún error de los de manual:tocarme la perilla con insistencia, no ir con el atuendo adecuado, respuestas de loco como ¿qué tal tu francés? pues tré bien y anécdotas que darían pa escribir varios poemas de poesía de no ficción. Al final me decidí por las oposiciones. Lo tienes crudo Pirelli, con tu currículum...

migueli dijo...

Yo para estas cosas soy de la Escuela Roldán, porque a ver quién coño va a llamar a una universidad para ver si un fulano estudió allí una carrera o quién va a comprobar si trabajaste en una petrolera de Bogotá o si fuiste campeón de Salamanca de waterpolo.

La creatividad ayuda a encontrar trabajo, y tú de eso andas sobrao, majete.

Aunque ya has dicho una vez que lo tuyo son los trabajitos, que no los trabajos, pues naciste cansado. Pues yo nací faemino, qué quieres que te diga, así que lo mío es el humor.

Anónimo dijo...

es una lataaaaa el trabajaaaaaaar
la la la la la la la la la la laaaaaaaaaaa

el ultimo ablanedo sobre la tierra dijo...

Buscar trabajo ye lo peor que hay, donde esten la fiesta y les muyeres que se quite todo lo demas