jueves, mayo 31, 2007

Una idea peregrina

Sabe dios por qué, el director de la cárcel me ha cogido cariño. Y, cómo no, ya he empezado a pagarlo caro. Después de empeñarse en proporcionarme un destino en el economato, con lo bien que estaba yo tumbado en mi chabolo, ahora le ha dado por animarme a participar en la peregrinación que un grupo de presos próximos a obtener el tercer grado realizará el mes que viene a Santiago de Compostela.

Sé que debería seducirme la idea de abandonar el talego por unos días, pero, la verdad, qué quieren que les diga: caminar de sol a sol como un loco, escoltado por un par de carceleros, el fatídico capellán de la prisión y algún que otro pánfilo voluntario de la oenegé de turno, para luego dormir a la intemperie cada noche contándome las ampollas de los pies como se cuentan los granos los adolescentes, y ser recibido, aquí y allá, por los Hermanos Mercedarios, como que no me atrae demasiado.

No digo que esté en contra de la iniciativa; todo lo que sea dejar atrás, aun por unos días, la mísera ponzoña carcelaria es cojonudo; lo que digo es que no es una actividad hecha para mí, que un flojo: yo soy un ser meditabundo y contemplativo, un sereno epicúreo que ha nacido cansado y sin sandalias, a quien no acaba de convencer la idea de caminar veinticinco kilómetros al día durante no se sabe cuánto tiempo para ser perfumado por un botafumeiro. Eso es todo.

lunes, mayo 28, 2007

Las balas del desamor

El amor es como una mujer fértil: tiene sus propias reglas. Y, si no, que se lo pregunten a mi amigo Chúster, un guaperas con pinta de alemán a pesar de haber nacido en Soria, a quien conocí en el Centro Penitenciario de Albacete (carretera de Ayora, kilómetro 72).

Chúster había entrado en chirona por un mal asunto de cuernos. Su mujer se había fugado con el repartidor del butano, con quien se la pegaba desde hacía ya tiempo pese a que su caldera era de gas ciudad, y él decidió poner fin al asunto con un poco de plomo. No tardamos en hacer buenas migas.

Cuando una tarde en el patio me contó lo suyo, yo le intenté convencer de que hubiera sido peor que no hubiera habido otro hombre de por medio, pues siempre es preferible ser abandonado por alguien que objetivamente puede ser mejor que tú, a que te dejen por ti mismo, por ser un chuloputas chanflón, un crápula de medio pelo o un hortera insoportable (que era, todo sea dicho, una rigurosa definición de mi nuevo colega).

Chúster se quedó pensativo. Pensé que iba a darme la razón, pero entonces dijo, negando con la cabeza: «No creo que eso hubiese sido peor, Pirelli; de hecho, si no hubiera habido otro maromo, me hubiera ahorrado una bala y unos cuantos años de condena». «Nada que decir», concedí. Cuando uno no lleva razón, no lleva razón, qué le vamos a hacer.

jueves, mayo 24, 2007

Autorretrato

Hoy me ha dado por Machado, ya ven. Allá va mi autorretrato (mucho mejor que el suyo, adónde va a parar):

Mi infancia son recuerdos del barrio de La Elipa
del cruel reformatorio, de celdas de castigo,
de un cura dando palos o un poli que lo flipa;
mi historial es más chungo que el tupé de Postigo.

Ni un Arturo Fernández, ni un conde Lequio he sido
—será porque es a rayas mi traje de faena—,
mas he tenido el gusto, aunque a veces lo olvido,
de abrirle bien las piernas a alguna anabolena.

Hay en mis venas gotas de drogas, sangre y vino
pero mi verso brota del centro de mi falo;
y, más que un hombre al uso que sigue su camino,
soy, en el mal sentido de la palabra, malo.

¿Soy clásico o romántico? Ni puta idea, macho.
Yo sólo sé que os clavo mis versos por la espalda,
que cuando estoy sereno es porque voy borracho,
que le compro a la muerte lo que la vida salda.

Converso con el hombre que siempre me persigue
—que, mira tú por dónde, siempre es un policía—;
y, como Paquirrín, cuando salgo de ligue
termino dando el cante en una mancebía.

Por vivir entre rejas, pagáis todos mis gastos
(es mucho lo que debo por haber sido un vago):
los oros que he robado (aunque ahora pinten bastos),
la celda donde habito y el váter donde cago.

Y en cuanto al fin me suelten con la condicional
y vuelva a las andadas, si un día me encontráis
–navaja en mano– cuando entráis en el portal,
no seáis chungos: dadme todo lo que tengáis.

Pues eso.

lunes, mayo 21, 2007

La ética del cansancio

No puedo negar que me entran escalofríos de solo pensar en el trabajo, que me canso de abrir mucho los ojos, que he nacido para estar con los pies a la altura de la cabeza o más arriba. Pero, por alguna extraña razón, el mundo no ve bien a quienes somos de naturaleza horizontal.

Podría darles mil argumentos con los que condenar a las hormigas y absolver a la cigarra, pero a los pelafustanes nos tienta más la síntesis, así que será suficiente con uno: si, según las escrituras (a mí ni me miren), dios trabajó seis días, acabó de dar forma al universo y no volvió a pegar palo al agua hasta hoy, no seré yo, mortal entre los mortales, quien intente superar al buen dios y se ponga a trabajar como un loco.

Así que ustedes, herejes agitados por el capitalismo, pongan ladrillos, hagan negocios, caven, computen, vendan motos si quieren, pero a mí déjenme a un lado con mi molicie y mi letargo.

Y no se preocupen, que pronto estaré de su lado: en cuanto me suelten, prometo hacer un par de trabajitos con los que llevarme el dinero que les sobre.

jueves, mayo 17, 2007

Que se mueran los feos (menosprecio del cuento popular)

Una de las quejas más habituales de los que somos más bien feos, es que las guapas no nos hacen ni puto caso, que sólo se fijan en la belleza exterior, que son unas lobas superficiales y que en realidad, si nos pelaran, verían lo que es bello.

Lo que ocurre es que, casualmente, a los feos quejones siempre nos gustan las guapas.

La bestia, que tanto protesta, se enamora de la bella por lo buenísima que está y por lo mucho que le ponen sus tetas de silicona, no por lo bien que rellena los crucigramas, y, además, y aquí está lo terrible, termina convirtiéndose en un hermoso príncipe. Shrek, la versión moderna del cuento, le da una vuelta de tuerca al argumento que ni el mecánico de Fernando Alonso: los dos acaban siendo ogros, o sea bestias, o sea iguales. Qué bien.

Y no me digan que lo del patito feo ése no es de juzgado de guardia: el tío no aprende a quererse tal y como es, ni a respetarse, ni nada de eso, sino que, hasta que no vive su particular cambio radical, que lo deja hecho un cisne, no levanta cabeza.

Saquen ustedes sus propias conclusiones, porque así son las cosas en esta perra vida.

martes, mayo 15, 2007

Imposibilidad metafísica o a ti te encontré en la calle

Si yo fuera dios, existiría (y me dejaría de hostias).

jueves, mayo 10, 2007

Permiso para ser feliz

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Aunque apenas podamos ver el cielo desde el patio, el sol resplandece como una bombilla de 200 vatios tras el gris papeleo de los últimos días. Si no se tuerce nada a última hora, en breve me concederán un permiso y podré salir a la calle para perjuicio de los viandantes.

Es una pena que ya no me drogue, porque eso siempre ayuda a celebrarlo; tendré que conformarme con arrearle unos cuantos tragos a un buen vino fermentado en tetrabrick.

De tanta felicidad, me entran ganas de besar a todos los reclusos que hacen cola conmigo en el economato. Pero mejor me estoy quieto: si lo hiciera, también debería sacarles el corazón los otros días.

viernes, mayo 04, 2007

Vivir pantojamente

Ahí va otra píldora para la buena gente que todavía anda por la calle (aún queda alguno por ahí): «Cuando las barbas de tu folclórica veas pelar, pon las tuyas a remojar, no vaya a ser el diablo».

miércoles, mayo 02, 2007

Enanos de sangre azul

Éramos pocos, y parió su alteza. Otra boca borbónica que alimentar, otro nudo en la cuerda sucesoria, una nueva infanta a la que mantener con el sudor de los contribuyentes. Tirado en el jergón esta mañana, he compuesto un poema para celebrarlo (en los últimos días me viene dando demasiado por la poesía, será que voy mal de vientre):

De la vida monárquica
uno está ya muy harto,
pensaba yo en mi celda
de la Letizia ésa.
La princesa está triste,
¿qué tendrá la princesa?
¿Será tristeza posparto,
nostalgia de ser vulgar
o complejo de coneja?

Quién puede saberlo. Lo cierto es que a mí nunca me ha hecho mucha gracia eso de la monarquía. Los reyes godos siempre me han caído gordos, y no digamos Elvis, tipo extraño, y toda la vida he pensado que los reyes católicos montaban demasiado para ser tan católicos, y nunca he soportado a las abejas reina (todo el día achuchando a los zánganos, los pobres). Si a esto unimos que, cuando era un renacuajo, los reyes magos pasaban de largo por mi barrio, a pesar de que estaba cuajado de camellos, tal vez comprendan mejor mis razones.

En fin, que sólo salvo a Evaristo, el rey de la baraja, y que a mí los reyes, o vienen de cuatro en cuatro y traen un duples de órdago, o nada.

Claro que, bien pensado, no sé por qué me quejo tanto; al fin y al cabo, a mí también me mantienen los contribuyentes. «Perra vida».