lunes, julio 09, 2007

Descartes o la filosofía de la baraja

La vida es un tute donde sólo pintan bastos (tal vez por eso arrastre esta empanada que arrastro mientras los demás me cantan las cuarenta).

miércoles, julio 04, 2007

Pirelli solución

Hace unos días estaba a punto de enviar una nueva entrada al blog cuando Bocachancla, que es el soplón del módulo, me informó de que de mi jefe acababa de ganar un premio literario por el que cobrará una buena pasta. «Así que sí, ¿eh? Qué calladito se lo tenía el tío mierda». Por supuesto, le pedí un aumento inmediatamente.

Pero el cabrón me dijo que nanai, que encima de que ni siquiera escribía tres veces por semana, como habíamos quedado en un principio, ahora iba a tener que pagarme más; que quién me creía, dijo. «¿Qué quién me creo? Pues Pirelli, el gran Pirelli, faltaría más», pensé, «y tú, Rodríguez de pacotilla, no eres más que un vulgar escritorzuelo sin gloria ni talento». Pero no dije nada, preferí pasar a la acción.

Así fue como me planteé la posibilidad de iniciar una huelga de bandejas, que consiste en rechazar de forma masiva el asqueroso rancho que nos sirven en la trena, pero nadie se unió a mí. «Cada perro que se lama su picha», fue el comentario menos ingrato que obtuve de mis colegas de módulo. Normal, yo hubiera hecho lo mismo. Pensé entonces en llevar a cabo una huelga de hambre indefinida, pero todos los tubos que te enganchan para evitar que palmes de inanición los habían guardado a buen recaudo por si de Juana.

Con la audacia que me caracteriza, consideré la posibilidad de hacer una huelga de desnudo integral, aunque no tardé en llegar a la conclusión de que la cosa ya está lo bastante fea aquí dentro como para andar todo el día con la minga al aire y el culo expuesto. Así que decidí que lo mejor que podía hacer era una huelga de brazos caídos que paralizara mi actividad cotidiana, que si bien hay que reconocer que no es gran cosa, al menos incluye el trabajo de escribir este maldito blog cada cierto tiempo.

Y en ello levaba casi una semana sin ningún resultado, por lo que fui a contarle mi descontento con la injusticia laboral que se estaba cometiendo al Flaco Santana, secretario general del sindicato del crimen en mi jurisdicción. Santana fue claro: «No te dejes amedrentar, amenaza con demandarlo y sacarle hasta la última perra gorda». Levanté los hombros. «Y, si eso no funciona», continuó impasible, «entonces haz lo que mejor sabes hacer: intimídalo, dile que, si no accede a satisfacer tus demandas salariales, te lo cargarás lentamente en cuanto salgas de prisión. Eso no suele fallar».

Seguí su consejo y, como ven, aquí estoy de nuevo. En una metáfora insectil se puede decir que, ante la tentativa de los gusanos, el tío aflojó la mosca. No hay nada como la fuerza sindical.

martes, junio 26, 2007

Instrucciones para conseguir la condicional

Pues sí, ahí seguimos, opositando a la condicional o, al menos, al dichoso permiso que se retrasa como una mala regla. Y no se lo pierdan: a los de arriba les ha dado ahora, en su labor instructora, por la orientación laboral.

El primer error que cometió el psicólogo al que encomendaron la ardua labor de instruirnos en tales artes, además de llamarse a sí mismo orientador, fue preguntarnos si habíamos hecho alguna vez un curriculum. A estas alturas ya debería haber sabido que los tipos como nosotros no tenemos pasado, sino antecedentes, razón por la cual el curriculum nos lo rellenan otros, dado que no es otra cosa que una ficha policial. Pero o no lo sabía o no quiso saberlo y por ese motivo nos hizo perder el tiempo con sus sandeces al respecto de tan notable asunto.

Después nos vino con el cuento de la necesidad de ensayar una hipotética entrevista de trabajo. Para ello fuimos pasando uno a uno al improvisado despacho que le habían instalado en la enfermería. A mí me tocó el primero, así que en mí recaía el honor de mostrarle el camino al pacotilla.

Primero le dejé hablar. Se sacó unos cuantos consejos de la chistera que a mí me sacaron unas buenas risotadas: «Estudia tus aptitudes, tu experiencia y tu educación». Vale. «No acudas a la entrevista con gafas oscuras». Vale. «Siéntate derecho, ni al borde de la silla ni repantigado». Vale. «Cuida tu lenguaje». Vale. «Evita los gestos como morderte las uñas, golpear con el boli en la mesa, o pegarle una guantada al subnormal del entrevistador». Así sea.

Pero faltaba por venir lo mejor: «Y sobre todo», dijo el tipo lentamente, dándole un hálito de suspense a la cosa que la cosa no merecía, «no olvides esto: sé tú mismo».

«Sé tú mismo». Qué crack. Le intenté explicar que, en el mundo que yo conozco, lo mejor que uno puede hacer para agradar a un desconocido es no ser uno mismo, por la cuenta que le trae a uno y al desconocido. Pero no había manera de hacerle entrar en razón, así que hice como que me interesaban sus consejos y dejé que fuera El Cosaco, el alegre psicópata ruso al que tocaba entrar el siguiente, quien lo sacara de su error con esa gracia que sólo tienen los psicópatas. A fin de cuentas, para eso están los profesionales.

No tardé en oír los gritos desde el pasillo. «Ay, los psicólogos», pensé, «cómo son y qué cosas dicen». Y pensar que toda aquella farsa la motaron para que, si algún día nos sacan de aquí, podamos conseguir un trabajo. ¡Pensaran que lo necesitamos! Pobrecillos.

miércoles, junio 20, 2007

Mi lúcida elegía a la muerte de El Fary

Últimamente no ganamos para disgustos. Ayer, sin ir más lejos, nos ha dejado El Fary. Vaya desde aquí mi lúcido homenaje a su persona, en forma de elegía, a la manera de Hernández (don Miguel):

Yo quiero ser cantando el barrendero
de las hojas del árbol de tu vida,
compañero del alma, Fary bueno.

Pues fuiste grande, Fary, siempre alerta
a cualquier Ava Gardner que pasara
“pa” subirla a tu taxi sinvergüenza.

En el taxi, en la cama, en una venta…
las quisiste montar todas a un tiempo
a pesar de medir metro cincuenta.

Fuiste el más grande, Fary, el más alegre,
el macho más ibérico y ardiente
en un mundo de flojos y blandengues.

Ya puede ser su tala decidida
mas no hallarán madera en todo el mundo
“pa” hacer un ataúd a tu medida.

Yo llevaré al taller del Manolete
el taxi que te llora, tan gripado,
que por doler le duele hasta el casete.

Un manotazo duro, un mal pulmón
(puñalada trapera –qué otra cosa)
cantaron el final de tu canción.

No hay extensión más grande que mi pena,
lloro al torito guapo ajusticiado
y siento más tu cielo que mi trena.

Quiero verte en el rastro o en Las Ventas,
quiero verte camino de la gloria;
las horas sin tu risa pasan lentas.

Quiero escuchar tus discos todo el tiempo,
quiero sacar de coplas a mi pena
y verte apatrullando el firmamento.

No dejes de cantar, señor Cantero,
y córtale al demonio oreja y rabo
con tu porte flamenco de torero.

Volverás a tu barrio y a tu gente
conduciendo tu taxi atolondrado
por el largo pasillo de la muerte.

Si me juras volver, ya puedes irte
a unirte con Farina allá en el cielo,
que tengo tantas cosas que decirte
compañero del alma, Fary bueno.

Hasta aquí la elegía; ahora, el colofón: hace unos años, los ignominiosos Faemino y Cansado bromeaban a su manera sobre la muerte de El Fary en el siguiente diálogo:

«–Se ha muerto El Fary
–¿Ese insigne y polifacético cantante de tonadillas español?
–No, hombre, no: el científico.
–Ah, pos que le den pol culo. »

Pues eso, poco o nada más puedo decir. Si acaso, que Fary sólo hay uno (vivo o muerto) y a ti te encontré en la calle.

viernes, junio 15, 2007

La fe racional

Por supuesto que Dios existe; si no, de qué iban a estar tan buenas las mujeres.

lunes, junio 11, 2007

Un día cualquiera

El bajón, las moscas, la luna imposible, el desasosiego, el mismo sueño de siempre, los ronquidos inclinados de mi compadre Rosbif, una cruz más en el calendario Pirelli, el crujido del tiempo (que no pasa), el orfidal, la fiebre, la bazofia recalentada de cada día, el pequeño toldo azul al que los presos llamamos cielo, las piruetas del incansable Muza (compañero de trena, compañero), la soledad alerta, la línea (infranqueable para los otros presos), el calor que no sabe de cervezas, las arañas, la lluvia, el desconcierto, y esa extraña sensación de irrealidad que me acompaña todo el tiempo, como si uno no fuera otra cosa que un maldito personaje de novela.

miércoles, junio 06, 2007

Paris bien vale una misa (negra)

Hace tiempo que la cárcel ya no es lo que era. Para acabar de obrar el descalabro, Paris Hilton ha sido recluida en el Centro Penitenciario Century Regional Detention Facility (11705 South Alameda Street, Lynwood, California) por no respetar la libertad provisional y conducir sin licencia, después de haber sido detenida anteriormente por ir al volante borracha como una gallina clueca.

Se ve que la pobrecilla no pudo disfrutar de un juicio oral (que hubiera ganado, sin duda, sin despeinarse) y se ha visto con un marrón encima que la mantendrá en chirona casi un mes, alejada de su todopoderosa familia, de su bolso de Luois Vutton Verbenero y de la tropa de maromos que hacen cola a su puerta para que les demuestre sus superpoderes.

Eso sí, en un alarde de ecuanimidad, el juez la ha encerrado junto a su chihuahua Tinkerbell, acusado por ella misma de no gustarle la nocilla, pues ya se sabe que uno entra siempre a prisión acompañado de su mascota favorita (si no de qué iba a entrar El Vaquilla con aquel mono que entraba cada vez que lo pillaban).

Por supuesto, no tengo nada en contra de esta pequeña golfa (me gusta, a qué negarlo, el rollo apocalíptico que ha sabido procurarle a su existencia integrada), pero me duele que cada vez sean más los personajes de su calaña que se instalan en nuestras cárceles, como si no estuvieran ya lo bastante hacinadas.

Antes paraba por aquí gente corriente: yonquis, camellos, lumis, pornógrafos, asesinos sin sueldo, merodeadores, anticristos, estafadores de bien, sin papeles, vagos, maleantes y otros representantes de la gandaya cósmica. Y las cosas no iban mal del todo.

Ahora, sin embargo, entre políticos gandules, conductores sin puntos, folclóricas velludas, presidentes de oenegés, vendedores de sellos e hijas de millonario la cosa pinta peor que nunca.

La verdad, como sigan dejando entrar a toda esta chusma, no sé dónde vamos a llegar.

lunes, junio 04, 2007

Buenas nuevas para el doctor Muerte

Tras ocho largos años en el Centro Penitenciario Lakeland Correctional Facility (141 First Street, Coldwater, Michigan), a Jack Kevorkian, más conocido como el doctor Muerte, le han concedido por fin la condicional.

El hombre fue acusado de haber ayudado a morir a 130 personas que querían suicidarse, como si eso fuera un crimen. Porque hay gente que se cree con derecho a decidir por nosotros cuándo nos tenemos que morir.

En realidad, quienes obligan a vivir a alguien que se quiere morir no son muy diferentes de quienes matan a alguien que está encantado de la vida. Pero sólo los segundos acaban dando con sus huesos en la cárcel.

Si no tenemos derecho a quitarle la vida a nadie, señores, tampoco deberíamos poder quitarle la muerte. Quien esté en contra de la eutanasia, que se aleje del cloruro y el potasio; a los demás, llegado el caso, que nos dejen morir en paz.

Por todo ello: salud y mejillones para el doctor Muerte.

jueves, mayo 31, 2007

Una idea peregrina

Sabe dios por qué, el director de la cárcel me ha cogido cariño. Y, cómo no, ya he empezado a pagarlo caro. Después de empeñarse en proporcionarme un destino en el economato, con lo bien que estaba yo tumbado en mi chabolo, ahora le ha dado por animarme a participar en la peregrinación que un grupo de presos próximos a obtener el tercer grado realizará el mes que viene a Santiago de Compostela.

Sé que debería seducirme la idea de abandonar el talego por unos días, pero, la verdad, qué quieren que les diga: caminar de sol a sol como un loco, escoltado por un par de carceleros, el fatídico capellán de la prisión y algún que otro pánfilo voluntario de la oenegé de turno, para luego dormir a la intemperie cada noche contándome las ampollas de los pies como se cuentan los granos los adolescentes, y ser recibido, aquí y allá, por los Hermanos Mercedarios, como que no me atrae demasiado.

No digo que esté en contra de la iniciativa; todo lo que sea dejar atrás, aun por unos días, la mísera ponzoña carcelaria es cojonudo; lo que digo es que no es una actividad hecha para mí, que un flojo: yo soy un ser meditabundo y contemplativo, un sereno epicúreo que ha nacido cansado y sin sandalias, a quien no acaba de convencer la idea de caminar veinticinco kilómetros al día durante no se sabe cuánto tiempo para ser perfumado por un botafumeiro. Eso es todo.

lunes, mayo 28, 2007

Las balas del desamor

El amor es como una mujer fértil: tiene sus propias reglas. Y, si no, que se lo pregunten a mi amigo Chúster, un guaperas con pinta de alemán a pesar de haber nacido en Soria, a quien conocí en el Centro Penitenciario de Albacete (carretera de Ayora, kilómetro 72).

Chúster había entrado en chirona por un mal asunto de cuernos. Su mujer se había fugado con el repartidor del butano, con quien se la pegaba desde hacía ya tiempo pese a que su caldera era de gas ciudad, y él decidió poner fin al asunto con un poco de plomo. No tardamos en hacer buenas migas.

Cuando una tarde en el patio me contó lo suyo, yo le intenté convencer de que hubiera sido peor que no hubiera habido otro hombre de por medio, pues siempre es preferible ser abandonado por alguien que objetivamente puede ser mejor que tú, a que te dejen por ti mismo, por ser un chuloputas chanflón, un crápula de medio pelo o un hortera insoportable (que era, todo sea dicho, una rigurosa definición de mi nuevo colega).

Chúster se quedó pensativo. Pensé que iba a darme la razón, pero entonces dijo, negando con la cabeza: «No creo que eso hubiese sido peor, Pirelli; de hecho, si no hubiera habido otro maromo, me hubiera ahorrado una bala y unos cuantos años de condena». «Nada que decir», concedí. Cuando uno no lleva razón, no lleva razón, qué le vamos a hacer.

jueves, mayo 24, 2007

Autorretrato

Hoy me ha dado por Machado, ya ven. Allá va mi autorretrato (mucho mejor que el suyo, adónde va a parar):

Mi infancia son recuerdos del barrio de La Elipa
del cruel reformatorio, de celdas de castigo,
de un cura dando palos o un poli que lo flipa;
mi historial es más chungo que el tupé de Postigo.

Ni un Arturo Fernández, ni un conde Lequio he sido
—será porque es a rayas mi traje de faena—,
mas he tenido el gusto, aunque a veces lo olvido,
de abrirle bien las piernas a alguna anabolena.

Hay en mis venas gotas de drogas, sangre y vino
pero mi verso brota del centro de mi falo;
y, más que un hombre al uso que sigue su camino,
soy, en el mal sentido de la palabra, malo.

¿Soy clásico o romántico? Ni puta idea, macho.
Yo sólo sé que os clavo mis versos por la espalda,
que cuando estoy sereno es porque voy borracho,
que le compro a la muerte lo que la vida salda.

Converso con el hombre que siempre me persigue
—que, mira tú por dónde, siempre es un policía—;
y, como Paquirrín, cuando salgo de ligue
termino dando el cante en una mancebía.

Por vivir entre rejas, pagáis todos mis gastos
(es mucho lo que debo por haber sido un vago):
los oros que he robado (aunque ahora pinten bastos),
la celda donde habito y el váter donde cago.

Y en cuanto al fin me suelten con la condicional
y vuelva a las andadas, si un día me encontráis
–navaja en mano– cuando entráis en el portal,
no seáis chungos: dadme todo lo que tengáis.

Pues eso.

lunes, mayo 21, 2007

La ética del cansancio

No puedo negar que me entran escalofríos de solo pensar en el trabajo, que me canso de abrir mucho los ojos, que he nacido para estar con los pies a la altura de la cabeza o más arriba. Pero, por alguna extraña razón, el mundo no ve bien a quienes somos de naturaleza horizontal.

Podría darles mil argumentos con los que condenar a las hormigas y absolver a la cigarra, pero a los pelafustanes nos tienta más la síntesis, así que será suficiente con uno: si, según las escrituras (a mí ni me miren), dios trabajó seis días, acabó de dar forma al universo y no volvió a pegar palo al agua hasta hoy, no seré yo, mortal entre los mortales, quien intente superar al buen dios y se ponga a trabajar como un loco.

Así que ustedes, herejes agitados por el capitalismo, pongan ladrillos, hagan negocios, caven, computen, vendan motos si quieren, pero a mí déjenme a un lado con mi molicie y mi letargo.

Y no se preocupen, que pronto estaré de su lado: en cuanto me suelten, prometo hacer un par de trabajitos con los que llevarme el dinero que les sobre.

jueves, mayo 17, 2007

Que se mueran los feos (menosprecio del cuento popular)

Una de las quejas más habituales de los que somos más bien feos, es que las guapas no nos hacen ni puto caso, que sólo se fijan en la belleza exterior, que son unas lobas superficiales y que en realidad, si nos pelaran, verían lo que es bello.

Lo que ocurre es que, casualmente, a los feos quejones siempre nos gustan las guapas.

La bestia, que tanto protesta, se enamora de la bella por lo buenísima que está y por lo mucho que le ponen sus tetas de silicona, no por lo bien que rellena los crucigramas, y, además, y aquí está lo terrible, termina convirtiéndose en un hermoso príncipe. Shrek, la versión moderna del cuento, le da una vuelta de tuerca al argumento que ni el mecánico de Fernando Alonso: los dos acaban siendo ogros, o sea bestias, o sea iguales. Qué bien.

Y no me digan que lo del patito feo ése no es de juzgado de guardia: el tío no aprende a quererse tal y como es, ni a respetarse, ni nada de eso, sino que, hasta que no vive su particular cambio radical, que lo deja hecho un cisne, no levanta cabeza.

Saquen ustedes sus propias conclusiones, porque así son las cosas en esta perra vida.

martes, mayo 15, 2007

Imposibilidad metafísica o a ti te encontré en la calle

Si yo fuera dios, existiría (y me dejaría de hostias).

jueves, mayo 10, 2007

Permiso para ser feliz

.
Aunque apenas podamos ver el cielo desde el patio, el sol resplandece como una bombilla de 200 vatios tras el gris papeleo de los últimos días. Si no se tuerce nada a última hora, en breve me concederán un permiso y podré salir a la calle para perjuicio de los viandantes.

Es una pena que ya no me drogue, porque eso siempre ayuda a celebrarlo; tendré que conformarme con arrearle unos cuantos tragos a un buen vino fermentado en tetrabrick.

De tanta felicidad, me entran ganas de besar a todos los reclusos que hacen cola conmigo en el economato. Pero mejor me estoy quieto: si lo hiciera, también debería sacarles el corazón los otros días.

viernes, mayo 04, 2007

Vivir pantojamente

Ahí va otra píldora para la buena gente que todavía anda por la calle (aún queda alguno por ahí): «Cuando las barbas de tu folclórica veas pelar, pon las tuyas a remojar, no vaya a ser el diablo».

miércoles, mayo 02, 2007

Enanos de sangre azul

Éramos pocos, y parió su alteza. Otra boca borbónica que alimentar, otro nudo en la cuerda sucesoria, una nueva infanta a la que mantener con el sudor de los contribuyentes. Tirado en el jergón esta mañana, he compuesto un poema para celebrarlo (en los últimos días me viene dando demasiado por la poesía, será que voy mal de vientre):

De la vida monárquica
uno está ya muy harto,
pensaba yo en mi celda
de la Letizia ésa.
La princesa está triste,
¿qué tendrá la princesa?
¿Será tristeza posparto,
nostalgia de ser vulgar
o complejo de coneja?

Quién puede saberlo. Lo cierto es que a mí nunca me ha hecho mucha gracia eso de la monarquía. Los reyes godos siempre me han caído gordos, y no digamos Elvis, tipo extraño, y toda la vida he pensado que los reyes católicos montaban demasiado para ser tan católicos, y nunca he soportado a las abejas reina (todo el día achuchando a los zánganos, los pobres). Si a esto unimos que, cuando era un renacuajo, los reyes magos pasaban de largo por mi barrio, a pesar de que estaba cuajado de camellos, tal vez comprendan mejor mis razones.

En fin, que sólo salvo a Evaristo, el rey de la baraja, y que a mí los reyes, o vienen de cuatro en cuatro y traen un duples de órdago, o nada.

Claro que, bien pensado, no sé por qué me quejo tanto; al fin y al cabo, a mí también me mantienen los contribuyentes. «Perra vida».

domingo, abril 29, 2007

Ventajas de ser un delincuente

Una nueva píldora del doctor Pirelli: «Los delincuentes tenemos una ventaja sobre los policías: siempre vamos por delante…».

jueves, abril 26, 2007

Coplas para una vida feliz

A Fúlner, que es el intelectual del módulo (imagínense: casi termina el BUP en el nocturno y todo) le ha dado por la poesía. No contento con eso, se dedica a revisar a los clásicos (peña que lleva en el hoyo cientos de años). Ayer andaba recitando por el patio a no sé que fraile del siglo XVIII como si tal cosa. Eran unos versos que aconsejaban el modo de alcanzar la salud y, con ella, la felicidad. Nada menos. La cosa iba tal que así:

«Vida honesta y arreglada, / usar de pocos remedios / y poner todos los medios / de no alterarse por nada; / la comida moderada; / ejercicio y diversión; / no tener nunca aprensión; / salir al campo algún rato; / poco encierro, mucho trato / y continua ocupación».

Me conocen (o empiezan a conocerme), así que entenderán que no haya podido evitar darle unas vueltas al asunto hasta dejarlo más bien patas arriba:

Vida chunga y alterada,
usar drogas si hace falta,
e irritarse a todas horas,
hecho una fiera si cabe;
comer como una alimaña;
indolencia y unas risas;
no olvidarse que la muerte
duerme en el catre de al lado;
dar paseos por el patio;
mucho encierro, poco trato
y tocarse bien el nabo.

Anda que no haría con esto El Robe, patrono de Extremoduro, una copla de las suyas…

martes, abril 24, 2007

El zar del vodka

Se ha ido uno de los grandes. Finalmente se le fundió la patata a un tipo que nos ha regalado grandes tardes. Digamos adiós al comunista caníbal, al marido de Naina, al zar del vodka. Tus amigos no te olvidan, Boris. Nosotros tampoco.

viernes, abril 20, 2007

Banderas a media asta

Y les digo yo a todos esos patriotas de medio pelo que hacen guerras por un trozo de tierra que se olviden de mí, que mi patria son mis pies y mi bandera los calzones que llevo puestos. Claro que bien es cierto que en estos últimos meses ondean muy malamente, porque aquí en le talego, la verdad, no hay mucho que rascar (más bien no hay nada, salvo que uno se dedique a rascar donde no debe, que no es el caso). Tal vez cuando me concedan un permiso extraordinario pueda toparme con una anabolena de mal gusto que me levante el asta por unos pocos euros. Tal vez. Sólo tal vez, me temo. No somos nada.

jueves, abril 19, 2007

La poesía y los golpes

Detesto la poesía, claro, pero a veces se me mete en el tarro y no encuentro la forma de abrir la tapa de los sesos para espantarla. Por eso esta mañana salté de la litera con la miel en los labios: «A veces pienso que mi vida es el crujir del avispero; mi corazón, una colmena muerta».

Rosbif, mi compañero de celda, un peruano de figura torva que ha vivido muchos años en Escocia y que ha ido dejando a su paso un puñado de cadáveres como quien deja el tabaco, me miró confuso. Yo seguía a lo mío, qué otra cosa puede hacer uno cuando está en racha: «Pero no hay para tanto: mi cuerpo aún alberga unas pocas abejas...».

Hasta un analfabeto hubiera podido leer en el rostro de Rosbif la mudanza que había convertido su perplejidad en irritación, pues no entendía qué coño andaba yo diciendo; si en el talego cualquier palabra desconocida es interpretada como un insulto, un poema como aquél no dejaba de ser una declaración de guerra. Oí como gruñían las falanges de sus dedos al apretar el puño.

Solamente mis últimas palabras fueron capaces de contener la ira de su mano cerrada acercándose a mi cara. «...y todas ellas con el aguijón bien afilado, por si vienen a hincharme los cojones». Rosbif pareció calmarse ante la aparición de una palabra amiga. Al final, salvé el golpe por poco. Ya he dicho que detesto la poesía.

lunes, abril 16, 2007

Lagarto, lagarto

Miren que nunca he creído yo en esto de las maldiciones, que siempre me he reído con la boca muy abierta de quienes se tragan todos esos cuentos y se estremecen cuando una gitana enrabietada les dice a grito pelado «¡que los pelos se te vuelvan serpientes!» y consuman rituales increíbles para volver a la normalidad (desde un cruce de dedos hasta la quema enajenada de fotografías y cabellos de algún pariente cercano). Miren que siempre he dicho que mal rayo parta a quienes creen en todas esas patrañas.

Pero resulta que unos seis años atrás, Carapetardo, un agonías de rasgos explosivos con quien compartí chabolo en el Centro Penitenciario El Acebuche de Almería (carretera Cuevas-Úbeda, kilómetro 2,5), me lanzó un maleficio de los buenos. Descansábamos en la celda, tumbados en las literas, cuando me dijo envalentonado, mientras terminaba de cortarse la uña del dedo gordo del pie derecho: «Así que no crees en estas cosas, ¿eh, Pirelli?. Pues yo puedo conseguir que cambies de opinión...». «¿Ah, sí?», contesté desafiante, «¿y cómo lo vas a hacer? ¿Me convertirás los pelos en serpientes?». «No es fácil», dijo, «estás calvo como una avellana. Bastará con que te diga lo siguiente: cada vez que levantes la tapa del váter, te acordarás de mí» –concluyó lanzando al aire el cerco redondeado y negro de otra de sus uñas.

Y, maldita sea, a pesar de lo que me reí entonces, que me aspen si aquella no resultó ser una maldición de lo más efectiva. Precisamente vengo del retrete y, una vez más, no he podido evitar acordarme de Carapetardo. Así que el tío mierda lo consiguió finalmente. Lo que no sabe es que su maldición se ha ido acrecentando con los años. Ahora, cada vez que levanto la tapa del váter no solo me acuerdo de él: me acuerdo también de todos sus muertos. «Lagarto, lagarto, macho: lagarto, lagarto».

domingo, abril 15, 2007

De suites y chabolos

Bueno, ya estoy aquí de nuevo. No se alarmen si me ausento de tanto en tanto durante unos pocos días: la soledad va y viene, y además resulta muy útil para recargar pilas, aunque a estas alturas uno tiende a pensar que sus pilas no son recargables. O eso, o que la celda de aislamiento no es precisamente la suite del Hilton… En fin, vuelvo a ver el cielo, que no es poco.

jueves, abril 05, 2007

Un país lleno de viejos

Disertábamos el otro día en el patio sobre una noticia que alguien había oído por ahí, según la cual en el año 2050 uno de cada tres españoles tendrá más de 65 años.

Mientras casi todos estábamos de acuerdo en lo bien que nos vendrá en el futuro la experiencia acumulada por un tercio de los españoles, El Chutas, un primavera incoloro que cumple condena por un mal asunto de drogas (como la mayor parte de los que pueblan el módulo), meneaba la cabeza, imaginando un país lleno de viejos. Levantó su mirada de polen y se quitó la baba reseca de los laterales de la boca para decir que qué se podía esperar de una sociedad tan anciana, que menudo desastre que le esperaba a España y que no sabía adónde íbamos a llegar a ese paso.

El Abuelo, un gitano sabio que nos consuela con sus cavilaciones, le dijo que parara el carro, que a ver cuántos años creía que iba a tener él en el 2050.

Entonces El Chutas hizo cálculos: disparó uno a uno sus dedos de las dos manos hasta que, unos minutos más tarde, halló por fin el resultado de aquella operación, no tan básica para él: «¡Joder, setenta y cinco años, macho!», dijo a gritos llevándose las manos a la cabeza. No se puso pálido porque hay un tono de blanco (el de su piel) que no se puede aclarar. Se quedó pensativo un buen rato, rumiando la mala sombra de los mayores, la tragedia de que no se les preste atención ni se les tenga en cuenta para nada. Debió de verse a sí mismo encerrado en un asilo (esa sala de espera que precede al hoyo), sin más cariño que el del asistente que fuera de cuando en cuando a limpiarle los calzones, porque la cara que puso fue todo un poema.


Luego, levantó las cejas de un golpe, como alumbrado por una fantástica bombilla, y, con una sonrisa que le doblaba la boca, dijo eufóricamente: «Qué narices, con todo lo que me he metido en estos años, no llego a los setenta ni de coña. ¡Que se jodan!». Nadie volvió a sacar el tema. Para bien o para mal, las cosas en el talego son así.

martes, abril 03, 2007

La fiesta

Está decidido: celebrarán una gran fiesta el día en que me muera. No es que tenga previsto morirme en breve, mala cosa sería, pero cuando uno ha llevado la vida que yo he llevado, no debe descartar la idea de palmar de repente.

Lo he dejado todo preparado: dos mil euros como dos mil soles a beneficio de algunos de mis colegas más audaces; un último regalo para quienes no han tenido tanta prisa.

Sólo hay un problema: desde que he tomado esta decisión, cada vez que me doy la vuelta siento la mirada afilada de mis amigos clavándoseme maliciosamente en el cogote.

No es que me agrade la situación, ni mucho menos, pero no puedo culparles: al fin y al cabo, una fiesta es una fiesta.

domingo, abril 01, 2007

Una por otra

Al parecer, medio país anda escandalizado porque Zapatero ha dicho sin inmutarse que el precio de un café ronda los ochenta céntimos. No sé de qué se extrañan. En los bares que yo frecuento cuesta eso, y a veces ni llega. Claro que ahí no dejan entrar a cualquiera. Y menos a gente de su calaña (por lo que tiene de político, ya me entienden). Al fin y al cabo, tampoco ellos ven con buenos ojos que nosotros pisoteemos los suelos alfombrados de su Moncloa. Lo dicho: una por otra.

La verdad, hay que ver lo que son las cosas: finalmente –quién me lo iba a decir–, este primer mensaje de mi andadura cibernética va por usted, ZP. Así que no me venga con historias: téngalo en cuenta a la hora del indulto. Una por otra, Presidente, una por otra.